Un día Daniel Delfín
regresó a su isla, a su antiguo arrecife y no pudo más que derramar lágrimas.
Había descubierto que todos sus logros, sueños y aspiraciones, formaban parte
de su propia existencia y se sintió bien. Se encontró con los suyos, pero
conoció a un ser que hacía surf, y supo que era " el hombre" y sintió
miedo.

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